El grupo de los 20 principales países industrializados y
emergentes (G-20) le está dando los toques finales a un plan estratégico antes
de inaugurar su cumbre esta semana en Pittsburgh. El documento exige que Estados Unidos, Europa y China implementen importantes
cambios en sus políticas económicas para estimular un crecimiento duradero, en un momento en que el mundo todavía se recupera
de su peor recesión en décadas.
La cumbre del G-20, la tercera del grupo en un año, se será
un un campo de experimentación para ver si los países desarrollados y emergentes
pueden operar como una especie de junta coordinadora de la economía global. La atención está centrada en una propuesta previa
no publicada por parte de Estados Unidos bajo el título de Marco para un crecimiento
sostenible y equilibrado. El documento exhorta a Estados Unidos . a ahorrar más y reducir su déficit fiscal, a China a
gastar más y depender menos de las exportaciones y a Europa a realizar cambios estructurales para atraer una mayor inversión
de las empresas.
La propuesta ha provocado una ola de discusiones entre los
miembros del G-20. Los países europeos señalan que Estados Unidos es poco realista respecto a la rapidez con la que puede
crecer la economía global y China accedió a participar pero con ciertas reservas ya que piensa que los países en desarrollo
merecen una mayor participación en las instituciones financieras internacionales.
A medida que la atmósfera de crisis se disipa y el panorama
para la economía mundial mejora, la disposición política para implementar cambios difíciles ha perdido fuerza. Los países
del G-20 deben decidir el grado de detalle que acompaña sus compromisos de cambio antes de que se disipe la sensación de urgencia
En los días previos a la cumbre de Pittsburgh, representantes
del G-20 han llegado a un acuerdo sobre cómo eludir un problema trascendental: diseñar una "estrategia de salida para retirar
el estímulo monetario y fiscal inyectado para combatir la recesión global. La solución se basa en concordar en que dichas
medidas son necesarias, pero sin especificar detalles por temor a ahuyentar a los mercados.
También empieza a surgir un acuerdo incipiente sobre otro
asunto clave: cómo mantener bajo control los excesos financieros y las remuneraciones de los ejecutivos. Es probable que la
cumbre genere más apoyo para la imposición de límites sobre la compensación, promovidos por los europeos, y el requerimiento
de que los bancos conserven más capital para desincentivar la toma de riesgo y asumir grandes pérdidas, una prioridad para
EE.UU.
Representantes del G-20 esperan que un sentido de la camaradería
logre que todos trabajen unidos en vez de perseguir objetivos nacionales incompatibles entre sí.
China, a su vez, presiona para que se aumente el poder de
voto de los países emergentes en el Fondo Monetario Internacional. Como reacción, EE.UU. trata que el G-20 acceda a modificar
la votación en el FMI para que se divida casi en partes iguales entre los países industrializados y los emergentes, frente
al actual 57% versus 43% que favorece a los países más avanzados. Pese a que gran parte de las concesiones tendrían que venir
por parte de Europa, la Unión Europea aseguró recientemente que estaría dispuesta a respaldar un cambio.
A su vez, EE.UU. se comprometería a una drástica reducción
de su déficit fiscal, lo que implicaría medidas gubernamentales y posiblemente tributarias para darles un empujón al ahorro
privado.
Europa necesitaría mejorar su competitividad, a través de
medidas como la aprobación de leyes que incentiven la inversión, lo que podría reanudar una antigua controversia sobre la
flexibilización del mercado laboral.
Es posible que el mayor desafío sea para China, ya que tendría
que reconfigurar su economía para que dependa menos de las exportaciones a Estados Unidos y la acumulación de gigantescas
reservas en moneda extranjera. Eso significaría una revaluación de su divisa y una gran inversión en un plan de seguridad
social y de jubilación gubernamental para que los ciudadanos chinos no ahorren tanto y gasten más. Funcionarios del G-20 indican
que China está de acuerdo con estos cambios al estimar que su modelo exportador no producirá un crecimiento suficiente en
el futuro.