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Esta excelente columna del buen amigo Gustavo Vélez, destacado economista puertorriqueño, resume de una manera magistral la
agonía por la cual están atravesando miles de familias puertorriqueñas como consecuencia de los despidos en masa en el Gobierno
Central del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, y, a la vez, discute las consecuencias macroeconómicas del severo programa
de ajuste presupuestario adoptado por la Administración Fortuño.
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Despidos y recesión
Ayer viernes se inició el proceso de despidos de empleados públicos. Según la información publicada en la prensa, se espera
que en esta fase se despidan 10,200 empleados transitorios, y eventualmente ocurran nuevos despidos, hasta llegar a una cifra
de por lo menos 30,000 empleados gubernamentales.
El Gobernador ha tomado una decisión difícil que pone en riesgo no sólo su futuro político, sino la estabilidad social
y económica del País, con el objetivo de evitar la degradación del crédito gubernamental y asegurar la viabilidad de Puerto
Rico a mediano y largo plazo.
Aunque entendemos parte del análisis que fundamenta la decisión de los despidos masivos de empleados públicos, la realidad
es que a corto plazo la recesión va a agudizarse y la situación socioeconómica en la Isla se va a complicar aún más.
El consenso entre los economistas es que el efecto multiplicador de los despidos de empleados públicos va a afectar a
los demás empleados del sector privado y a otros sectores de la economía, afectando la recuperación económica proyectada para
el 2010.
Algunos economistas han planteado que el efecto neto de empleados afectados puede llegar a 60,000, lo que elevaría la
tasa de desempleo a cerca de 18%, la más alta desde el 1982.
Este puede ser el peor escenario si en efecto ocurre la reactivación de la economía de Estados Unidos en el 2009 y Puerto
Rico se mantiene en una fase de contracción, lo que implicaría un desfase entre los dos ciclos económicos. Si no se actúa
de forma estratégica, hay una gran posibilidad que las principales economías salgan de la recesión en el 2010 y Puerto Rico
se quede enredado en sus problemas estructurales y coyunturales, quedándose en dinámica recesionaria de forma permanente.
Toda esta situación muy bien pudo haberse evitado. Durante los pasados dos años hemos estado advirtiendo sobre las consecuencias
que tendría la irresponsabilidad de las acciones y decisiones durante el período del llamado cogobierno (2005-08). Se perdió
el tiempo y la política afectó gravemente a la economía.
Ahora miles de hermanos puertorriqueños pagan las consecuencias de los malos manejos económicos y la falta de juicio de
las decisiones tomadas en el pasado.
Es de esperarse que los desafíos del presente puedan ser superados y que el País salga a flote.
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